La Inteligencia Artificial (IA) ¿Desprecia o aumenta el valor de la experiencia del agente inmobiliario?
El software inteligente o Inteligencia Artificial (IA) tiene un potencial enorme para crear cambios tecnológicos que modifiquen los mercados laborales. El sector inmobiliario es un objetivo natural, y recientemente, un par de artículos han puesto el dedo en la llaga al decir que la informática cognitiva no es una amenaza para el empleo, sino un activo en el que basar las aptitudes del agente inmobiliario.
La pregunta es: ¿Qué pasa si la informática cognitiva permite a los agentes ser mejores profesionales y hacer mejores recomendaciones a sus clientes? Esta informática tiene el potencial de añadir mucho valor al negocio inmobiliario y al agente que ninguna otra alternativa podría tocar.
Sin embargo, una segunda idea apunta que las firmas que operan en el sector inmobiliario no disponen del conocimiento y de las habilidades para desarrollar esta nueva opción. Por tanto, los agentes que sobrevivan habrán de mejorar sus capacidades tecnológicas y centrar sus esfuerzos en áreas de mercado donde se manejarán sistemas inteligentes.
Dos opciones para el futuro de la IA en el sector inmobiliario
Por lo tanto, tenemos dos opciones sobre la Inteligencia Artificial (IA) y la forma en la que afectará a los agentes inmobiliarios. En una de ellas, las firmas podrían adoptar medidas que mejoren su capacidad en la atención a los clientes. Esas mejoran y sobreviven como un grupo de pioneros.
En otro, la IA borra los fundamentos de todos esos servicios que suelen proporcionar los agentes. Esto elimina la necesidad de que haya agentes inmobiliarios y sólo sobreviven los más especializados.
En la reciente historia del sector inmobiliario, la sustitución de un procedimiento repetitivo en el proceso de venta con software sólo ha cambiado el proceso de venta. No ha expulsado a los vendedores.
Las habilidades intrínsecas que han mantenido a los comerciales inmobiliarios en la industria se centran en dos cosas: La inteligencia personal (conocimiento único sobre la zona, experiencia en las negociaciones, etc.) y las relaciones personales (emocionales).
Esto último está fuera de esta disrupción en el mercado laboral inmobiliario; de hecho, es la principal barrera para los grandes cambios. Los compradores todavía consideran que los tres requisitos indispensables para un agente inmobiliario son reputación, honestidad y confianza.
Pero, ¿Y en el futuro?
En el futuro, la inteligencia personalizada podría ser una historia diferente. Si parte del valor único de los agentes viene de lo que conocemos como experiencia personal, la forma de negociar y cómo interactúan con sus clientes, ¿Cuánto de eso podría aprenderse en una plataforma de IA?
¿Podrían los mejores agentes permitirse vender sus aptitudes a la IA y monetizarla? ¿serían capaces las empresas inmobiliarias de aglutinar las mejores prácticas laborales y la inteligencia de sus mejores agentes para crear una serie de procesos para todos los equipos y respuestas para los clientes que no estén a disposición del público?
Piensa en toda esa información que podría obtenerse de un agente durante un año con dispositivos de IA y que todo eso fuera a una base de datos que describiera quién, cuándo y cómo interactúan los mejores agentes con su entorno para cerrar más ventas.
Y júntalo con analítica predictiva sobre comportamientos de los consumidores y estadísticas del mercado, y una plataforma de IA que explicara cuándo, dónde y cómo verse con un cliente y cómo empezar a interactuar con esa persona para facilitar la venta. Por supuesto, la creación de una relación puede ser iniciada con datos, pero ha de ser cerrada con las sensaciones.
Hay enormes posibilidades para que el sector inmobiliario aumente su capacidad tecnológica e IA para mejorar la forma de hacer negocios. Esos que lo hagan tendrán herramientas y habilidades diferenciadoras.
Es verdad que los consumidores quieren transacciones inmobiliarias más inteligentes. Pero antes que eso, quieren confianza. La IA tiene grandes perspectivas de ayuda a los agentes, y que éstos aumenten su inteligencia en el negocio, pero no va a sacar el elemento humano de la transacción en medio o breve plazo.
Artículo de Sam DeBord publicado originalmente en The Real Daily







