Inversión Inmobiliaria en la Nube. La evolución del concepto de Patrimonio Inmobiliario
Hace unos días tuvo lugar un evento, que quizá pasó desapercibido para los medios generalistas, pero que supone un hito en cuanto a trascendencia en el cambio de modelo económico hacia una economía digital: La presentación del libro Blanco Fintech,
El objetivo del mismo por parte de la Asociación Española Fintech era “servir como marco de ideas y propuestas de cambios normativos que favorezcan la actividad empresarial de los operadores FinTech en el sector financiero en nuestro país. Unos cambios que desde el sector identificamos como fundamentales para contribuir positivamente a la mejora de la competitividad de la industria financiera en interés de los consumidores».
Y es que la unión de las finanzas y la tecnología está cambiando en muchos aspectos nuestra vida cotidiana sin que nos demos cuenta, y nos está llevando a un mundo cuyos escenarios, apenas podemos empezar a atisbar.
Como bien enfocan nuestros amigos de Singularity University: “El ser humano sólo es capaz de predecir el futuro de forma lineal. Creemos que el futuro ocurrirá a la misma velocidad que ha ocurrido nuestro pasado reciente. Somos incapaces de predecir el desarrollo exponencial.”
Sin entrar en especulaciones sobre las consecuencias de que la tecnología nos lleve a la Singularidad Tecnológica (la ciencia ficción ya nos ha mostrado numerosos ejemplos, casi siempre de tipo catastrofista como la saga “Terminator”), sí que es indudable que avanza de manera imparable y evoluciona con cada vez mayor velocidad. Piense, por ejemplo, en un móvil. Hace un par de décadas utilizábamos teléfono, cámara y reproductor de vídeo, radio, walkman, grabadora, interna, calculadora, máquina de escribir, reloj… por citar unos pocos ejemplos.
Hoy tenemos todo eso y mucho más dentro de nuestro móvil. ¡Imagínese qué podrá hacer o hacia dónde evolucionará este dispositivo los próximos veinte años! Sin embargo, si quiere hacer ese ejercicio de imaginación, tenga presente un importante defecto que tenemos los humanos a la hora de predecir el futuro: nuestro pensamiento lineal intuitivo. Nuestra mente extrapola tendencias pasadas con la misma magnitud hacia el futuro. Si, por ejemplo, un avance tardó diez años en llevarse a cabo, nuestra forma de pensar nos lleva a situar el siguiente avance pasados otros diez años. La realidad, no obstante, es muy diferente.
Kurzweil acuñó la “ley de los rendimientos acelerados” para explicar este fenómeno, por el cual el ritmo de crecimiento en una amplia variedad de sistemas evolutivos aumenta de manera exponencial (la archiconocida Ley de Moore o la ley de Swanson serían dos ejemplos de ello)
Para que se haga una idea de las implicaciones de este fenómeno, Kurzweil estimaba en su libro “The Singularity is near” que el avance tecnológico que viviremos en el siglo XXI será mil veces superior al visto durante el siglo XX. Pero, ¿por qué se produce esta (enorme) aceleración en el progreso tecnológico? El principal motivo lo encontramos en que este proceso se beneficia de una retroalimentación positiva. Para seguir evolucionando nos apoyamos en los avances tecnológicos existentes (no empezamos de cero), con lo que el progreso no deja de acelerarse, impactando en cada vez más aspectos de nuestra vida.
Una vez tenemos claro que la tecnología progresa de forma acelerada, el siguiente paso sería identificar en qué campos se está produciendo hoy más claramente esa aceleración, para poder, al menos, monitorizar sus avances y analizar de qué forma pueden afectar, por ejemplo a nuestras inversiones y nuestro patrimonio.
Activos Físicos. Dematerialización y demonetización
El ser humano tiene como fin último el bienestar. Para lograrlo, la vía más rápida en nuestro mundo actual es la acumulación de riqueza. Esa riqueza “perpetua” nos proporcionará a nosotros y a los que nos rodean, la posibilidad de comprar bienes y servicios que nos proporcionarán bienestar.
A la hora de ahorrar y preservar un patrimonio, nos fijamos en ciertos activos, de forma que al adquirirlos podemos mantener su valor durante bastante tiempo, de forma que nuestro “bienestar” a largo plazo se vea asegurado.
Tradicionalmente activos físicos como el oro, el dinero o las propiedades inmobiliarias han sido algunos de estos activos refugio donde mantener nuestro patrimonio. Sin embargo, ¿Qué ocurrirá con el valor de estos activos cuando lleguen cambios tecnológicos disruptivos? ¿Qué ocurrirá con el valor de las viviendas que se encuentran más cerca de los trabajos cuando haya sistemas de transporte como Hyperloop? ¿O sistemas de telepresencia y realidad virtual para trabajar online desde casa?
¿Que ocurrirá con el valor de las plazas de garaje cuando llegue el coche autónomo, los drones logísticos, la impresión 3D a gran escala y el vehículo eléctrico alimentado con energía solar gratuita?
¿Qué ocurrirá con los activos materiales escasos como el oro, diamantes o incluso grafeno cuando existan nanofactorías? ¿Valdrán algo los activos físicos?
¿Que ocurrirá con el valor de las viviendas cuando todos estos fenómenos converjan?
Propiedad distribuída
Si algo podemos tener claro acerca del futuro, es que lo único que permanecerá constante será el cambio. Y este cambio tiene visos de no frenarse, si no acelerarse aún más.
Un entorno tan cambiante nos exige poder ser ágiles, no atarnos a nada a largo plazo, y poder responder rápidamente a los cambios de paradigma y contexto, no sólo tecnológicos sino también sociales.
En un entorno donde de repente surgen empresas como AirBnB, tener patrimonio inmobiliario concentrado en una o pocas unidades supone un coste de oportunidad de poder cambiar hacia activos potencialmente más rentables gracias a la tecnología. Aquellos que supieron moverse rápido y cambiar su patrimonio tradicional a un patrimonio inmobiliario más “rentable” por otras vías han conseguido mejores rendimientos y mayor revalorización.
Sin embargo este tipo de gestión requiere un esfuerzo activo, que también tiene supone un gasto. En este contexto surge el concepto de Patrimonio inmobiliario en la nube
La tecnología permite que plataformas “Proptech” como Housers en España o Property Partner en Reino Unido surjan en Internet para ofrecer a sus usuarios la adquisición de patrimonio inmobiliario distribuído y online. De esta forma, mediante el fenómeno de Crowdfunding puedo beneficiarme de varios factores para tener mejor rentabilidad de mis patrimonio inmobiliario, minimizando los riesgos:
- Ventaja del capital. Al unirse varias personas no hay que pagar costes de endeudamiento
- Ventaja de gestión: Al pagar una comisión de éxito a la plataforma te aseguras que expertos gestionen tu patrimonio con beneficios
- Ventaja de la inteligencia colectiva: Al unirte a una plataforma con experiencia en gestión de múltiples activos, reduces el riesgo de una mala compra
- Ventaja de diversificación: Al poder diversificar tu inversión en diferentes inmuebles, reduces la exposición de riesgo concentrado en una o pocas unidades.
- Ventaja de seguimiento y liquidez: Gracias al mercado generado puedes hacer líquida tu participación con más agilidad y conocer de forma más transparente el precio de los activos.
De esta forma, vemos, como la llegada la la tecnología, unida a una industria habitual como es la del “Real State”, evolucionar hacia nuevos conceptos, que permiten mantener, al igual que los datos de tu PC en Dropbox o Google Drive, tu patrimonio inmobiliario, en la nube.
Gonzalo Ruiz Utrilla

BIO
Ingeniero de Telecomunicación por la ETSIT de la Universidad Politécnica de Madrid y Máster Executive Program por Singularity University. Fundador de Tendenzias Media SL, Financial Red Networks SL, Cursos.com, Bolsa.com e Iasesoria.com. Es fundador y presidente de las sociedades de inversión Civeta Investment SA (Nombrada top5 empresas en actividad inversora de España por Expansión 2014 y 2015) y Fintech Ventures SL. Inversor en más de 40 Startups Tecnológicas a nivel internacional entre las que destacan Chicfy, Reclamador, DogBuddy, Housers, Tutellus, Hitsbook o JoinUp Taxi.







